En el 2013 Gabriel Camilo estuvo muerto durante 1 minuto.
Llevaba 9 años preso y aún le faltaban 3 años de su condena. Se consideraba un chorro, y estaba orgulloso de eso. Pero cuando despertó de su cirugía de corazón abierto y su médico le dijo que había muerto y vuelto a la vida, se quebró. El personaje del chorro se rompió en mil pedazos y sólo pensaba en sus hijas que lo esperaban afuera.
Así surgió la ballena Griselda, un cuento escrito para su hija Priscila, a partir de esa necesidad de cambiar su vida. Con la ayuda de Daniel, que realizó las ilustraciones, publicaron la primera versión del libro en «Pres y Diario», un periódico creado en el Comcar. Si bien esta primer versión consistía en simples fotos de las páginas de un cuaderno, no pasó por alto para Esteban, el director de la comunidad educativa del Comcar, quien llevó la historia al taller de artesanía. Cuando Esteban le mostró a Gabriel las 12 Griseldas en madera, su sorpresa y emoción fueron indescriptibles. En ese momento Gabriel dijo «Este cuento va a estar en todas las escuelas del país», con la convicción que sólo alguien que volvió de la muerte puede tener.
Beatriz, una maestra que enseña a leer y escribir en las cárceles conoció el libro y lo llevó para compartirlo con las maestras de educación inicial. Para sorpresa y alegría de Gabriel, 2 meses después recibió una carta de primaria, expresando que el libro había generado interés por la lectura en niños de 4 y 5 años.
Poco tiempo después el libro estaba siendo lanzado en el Palacio Legislativo, y esta idea descabellada de que Griselda llegara a las escuelas del país comenzaba a convertirse en una realidad.
De esa manejar surge Nuestros Hijos Nos Esperan, que utiliza talleres en centros de reclusión, para que personas privadas de libertad creen libros en madera, y a partir de 2023 también acompaña a liberados en el hogar-chacra Lo de Carlo durante el complejo proceso de reinserción social.